Con la misma esencia de aquellas personas que vieron con sus ojos a Cristo, los laicos de hoy son la nueva generación de discípulos, y los obispos y sacerdotes son la nueva generación de Apóstoles. Estos se han sucedido de generación en generación. Un apóstol no puede convertirse en apóstol por sí solo, sino que necesita ser nombrado por un obispo, mediante la imposición de manos y la unción.
*[Esta frase fue pronunciada por el líder Inca aymara Túpac Catari en 1781 antes de ser descuartizado por orden de una autoridad del Imperio Español.]
"Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí"(Gálatas 2, 20)
Jesús resucitó en la Eucaristía, pero más quiere resucitar en cada uno de nosotros. Por eso resucitó en un alimento. "Y el verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros".
La presencia que los Apóstoles tuvieron con Jesús, la nueva generación la tiene con el Corpus Cristi, en presencia de Yeshua (Iesus) en la adoración Eucarística.
"A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está aquí". (Mateo 4. 17)
En la Eucaristía tenemos al mismo Reino de los Cielos en la Tierra. Es el mismo Dios, la misma persona, que estuvo con sus discípulos hace dos mil años y que está en los Cielos en el esplendor de su gloria.
Ese Reino está de cierta manera escondido a la percepción humana, ya que se encuentra de manera substancial en la Eucaristía, y por ende en nuestros corazones, porque nos alimentamos de ella.
Que está cerca también significa que la vida en la Tierra es un instante; y que la segunda Venida de Cristo no está tan lejos.
